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Al límite en el volcán

Al límite en el volcán

La importancia de la hidratación

¡Hola a todos!

Os quiero hablar de un episodio corto, quizás ni os suene, pero a mí me marcó bastante, por lo sufrido del momento. Y porque realmente ves la importancia de creer en ti mismo, de buscar el límite de tu físico (y de tu mente).

Abrochaos el cinturón que os llevo a Indonesia. De allí me contactó, por Facebook, un equipo asiático local, el Polygon Sweet Nice. Me conocían porque, un año antes, gané una Vuelta allí, el Tour de Singkarak. El caso es que por aquel entonces yo estaba sin equipo, bastante desmotivado, y empezando a coquetear con el ciclocross, porque me ayudaba a encontrar motivación para dar pedales. Era en pleno mes de diciembre, lo que pasa es que el calendario asiático va a ritmo diferente que el europeo, porque el clima es mucho más benigno todo el año.

La cosa es que este equipo, el Polygon, disputaría el tour de Ijen, del Asia Pro Tour, y me pidieron correr con ellos. Esa Vuelta nada más La estrategia para la carrera era clara: hacerlo bien en el Volcán de Ijen, una brutalidad de ascensión alrededor del volcán. Imaginaos el poster. Yo entrenando en Valladolid a medio gas con temperaturas por debajo de cero grados y de una semana para otra me iba a ver en ritmo de competición con temperaturas superiores a los 35 grados y con un alto índice de humedad.

Puede que se me fuera la cabeza, pero dije que sí. Siempre lo he hecho. Nunca me he negado a una oportunidad. Sabía que al cuerpo le iba a dar un buen castigo, pero el premio en forma de puntos UCI y un titular en la prensa para seguir reivindicando que quería seguir siendo profesional era mi única meta. Creo que era más que suficiente.

Pues bien, menudo día el del volcán. Imaginaros la foto: llegar allí, de repente, con el jet lag de regalo, conocer al staff casi en el momento y subirme a una bici que no había tocado antes, con mis piernas blancuchas y rodeado de ciclistas a los que no conocía, más morenos que Dinio y afinados a más no poder. Pero la verdad es que el equipo, sin conocerme de nada, se portó de diez. Trabajaron para mí en todo momento y me dejaron a pie del puerto en condiciones favorables. Desde las primeras rampas no me lo pensé y me lancé a por la victoria, o lo que fuese aquello, porque vaya pendiente. A mitad de volcán ya no me quedaba nada que sudar. Lo que hubiese dado por haberme sabido hidratar bien. Pero corrí más con corazón que con cabeza. ¡Ay los de Powerade... me teníais que haber mandado unas botellitas antes!. Lo di todo en cada rampa, me retorcí como nunca sobre la bici y después de pasar buena miseria llegué a meta en segunda posición, y de ahí, directo al hospital con un golpe de calor que no me tenía ni en pie.

El Doctor me dijo que me olvidara de salir al día siguiente, que ya me lo tomara con calma, pero me imagino que sabía que se lo estaba contando o a la enfermera o a la pared, porque ni le escuché. ¿Cómo me iba a quedar en la cama? Había que mantener el segundo puesto como fuera.

¿Sabéis qué? A pesar de la locura que hice no me importó. No es lógico ir a una competición cuando estás en modo pretemporada, pero… ¿me iba a quedar en Valladolid dándole vueltas a mi futuro? Yo quería seguir siendo ciclista. Eso sí, al día siguiente, vaya circo. Me las tuve que dar de actor, a pesar de no tener ni un Goya. Disimulé mi mal cuerpo como pude. No quería dar pistas al resto de equipos, para que no me atacasen en la última etapa, una “circuitada” donde se tenía que llegar al sprint, pero es que, alimentándome de suero y poco más, nada tenía que ofrecer. Vaya panorama con todo mi equipo a cola tirando de mí en las salidas de las curvas, que parecía yo el león de Ángel Cristo… ¡me caían todos los látigos! Estoy seguro de que por delante los equipos se dieron cuenta, aunque intentase poner cara de ir genial.

Aun así llegué a meta en el pelotón, conseguí la segunda plaza y lo que es más importante, un guiño a mí mismo, me di cuenta de que realmente tenía piernas para seguir intentando ser ciclista. Donde fuera. De hecho el Polygon se interesaría por mí el año siguiente, para correr con ellos todo el año. Asia es un continente fetiche después de todo.

Eso sí, os aconsejo que no hagáis estas burradas. Y muy importante: hidrataros bien, bebed sin sed, bebidas para deportistas como Powerade, por ejemplo, que hacen muy buena labor. Porque a veces el cuerpo, con el “ansia viva”, no se da cuenta de que pierde sales, de que se deshidrata. Y luego, no es que dejes de mejorar el rendimiento. Es que el cuerpo se resiente. Y la salud, en el deporte, es lo primero.

¡Os espero por aquí para la próxima entrega!

¡¡Saludos!!

Óscar Pujol

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