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DAR DE COMER AL CORAZÓN

DAR DE COMER AL CORAZÓN

He dado de comer a la bestia y se ha quedado tranquila.

Estoy de lunes, en la oficina, y la sonrisa me da vueltas a la cara. Los recuerdos del fin de semana de la pasada POWERADE Madrid-Lisboa MTB NONSTOP me tienen en una nube.

Es una sensación como el hambre: el estómago te pide combustible, te pones de mal humor, empiezas a estar impaciente, ansioso, irascible… Y entonces comes y te tranquilizas, te da una patada de tranquilidad que te permite recuperar la perspectiva de todo.

Pues yo necesito darle de comer también al corazón.

El mío se empieza a poner tenso cuando la rutina lo aburre. Aparece el mal humor, un estado ansioso en el que todo se devalúa… A mí me falta algo en esos momentos, es exactamente como el hambre, me empiezo a obsesionar, a amargar, a ponerme negativo.

Y entonces llega el reto, la competición, el día D. Me pongo como un flan, las mariposas vuelan como cazas de combate por mi estómago y en la mente aparece una y otra vez el “¿quién me manda meterme en este lío?”.

Luego llega una montaña rusa emocional durante la carrera. Un minuto eres el rey del mundo, al momento siguiente sucede algo que te hunde en la miseria y poco después te vuelves a venir arriba. En carrera siempre pasan muchas cosas y, cuando estás cansado, esos altibajos son brutales. Subes en cohete y bajas en caída libre.

Es como esas situaciones en las que alguien muy fatigado, o hundido moralmente, rompe a llorar sólo porque se le cae el salero en la mesa.

Cuando estás cansado, cuando no puedes dar más, las emociones son intensas y el estado de ánimo muy frágil. Por eso cualquier incidente de carrera, malo como un pinchazo o bueno como un encuentro con otro participante con el que conversar, se hace enorme.

Te haces hermano de gente que no sabes cómo se llama y a la que no volverás a ver, pero es que compartir miedos y emociones con otro participante en plena noche en un laberinto de senderos mientras das pedales es algo muy vinculante. En esos momento, es tu hermano. Hermano de ruta. Pero hermano.

Ese chute de emociones tan intenso que convierte la meta en un lugar idílico donde sabes que ya sólo aguarda la felicidad. Felicidad extrema, intensa… ¿La hay de otro tipo?

Es un momento de explosión, de lágrima fácil y de extremo cansancio. Has pagado el precio y obtienes tu premio.

Ahora estoy en los días posteriores.

Hoy es lunes, pero es un lunes maravilloso. He podido dormir y comer después de aquellos días casi en blanco.

Pero sobre tengo el corazón saciado. Ha tenido un buen menú de emociones, gente, paisajes y sentimientos que ofrece sólo el deporte extremo, y en particular, esta fantástica Madrid-Lisboa.

Si algún día tienes dudas de si apuntarte a esta carrera, que tiene mucho más de aventura, compañerismo y reto que de clasificación, no lo dudes ni un instante. Tienes que apuntarte.

Me siento eufórico. Carrera acabada, un buen puesto (es lo de menos), dos increíbles compañeros (Peio y Alfredo), un fantástico asistente (Sergio) y mil historias para recordar cuando vea las fotos o simplemente me meta en la cama y trate de conciliar el sueño pensando en algo agradable.

Reto conseguido. Corazón contento… ¿Por cuánto tiempo? Poco, poco, que el mes que viene salimos para Himalaya…

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