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BLOG SOBRE RUNNING, CICLISMO, NATACIÓN Y VIDA SALUDABLE.

Del running al Ironman

Del running al Ironman

Tenía yo, hace años, un profesor de spinning que era como cruzar las puertas del Averno y quedarte una temporada, que dijera Rimbaud. Empezabas la clase, no habías ni subido el primer puerto imaginario, y el hombre ya te tenía en zona anaeróbica echando los higadillos por la boca y sudando a chorros.

Lo recuerdo perfectamente: cuando nos veía sufrir, empezando a decaer y con una pedalada débil, lenta y lastimera, comenzaba el hombre con su mantra, a grito pelado: “¿quieres? ¡puedes!, ¿quieres? ¡puedes! ¿quieres? ¡puedes!”. Y así ad infinitum, o hasta que sonaba la sirena salvadora que avisaba de que aquel castigo de cuarenta y cinco minutos llegaba a su fin.

Os puedo asegurar que el mantra de marras funcionaba. Yo no sé qué tendría aquel “¿quieres? ¡puedes!” que hacía que tu cerebro diese órdenes, pese a tener el ácido láctico a niveles estratosféricos, de que tus cuádriceps apretasen con más fuerza en cada pedalada.  

Han pasado los años, he dejado el spinning pero ese “¿quieres? ¡puedes!” sigue guiándome cada vez que me pongo un reto por delante. Cuando acabé mi primer maratón, ya en casa, con las piernas en remojo y pidiendo más o menos la extremaunción, me dije: ¿y ahora qué?

Pues ahora al triatlón. ¿Quieres? ¡Puedes! No había cogido una bicicleta en años, nadar lo hacía más o menos con la misma frecuencia que las veces que llegan Los Reyes Magos en verano (es decir, una o ninguna) y correr… bueno, correr era afortunadamente lo que tenía más de la mano. Por entonces me jarreaba unos 70kms a la semana tan ricamente. Y pese a que veía a los triatletas como auténticos superhombres, como un deporte únicamente para valientes, me iba a meter a ello. Qué narices. Y es que… ¿sabes una cosa? ¿Quieres? ¡Puedes!

Pasar del maratón a primero el triatlón y finalmente el Ironman (que supongo que es la meta última de todo aquel que se acerca a este maravilloso deporte de las tres disciplinas), no es moco de pavo. Necesitas armarte de valor, armarte de tiempo, tener unos dinerillos ahorrados y una familia preparada para cualquier tipo de vicisitud e imprevisto. Visto desde el punto de vista de mi señora santa esposa, yo era un tipo que hasta entonces salía cuatro o cinco días a la semana a correr, y que en el peor de los casos a la hora y media de haber dejado el nido volvía. Con el triatlón no, la vida es de otra manera.

Con el triatlón en primer lugar planificas la semana con más pulcritud que el presidente de cualquier empresa cotizada en la bolsa, y en muchas ocasiones hay eso que en el argot se llama “doblar entrenamientos”: entrenar por la mañana y entrenar por la tarde. Y claro, tu pareja mirándote con ojos de gacela que dónde vas otra vez, que si no has tenido suficiente con levantarte a correr a las seis de la mañana. Mi primera recomendación, de hecho, para aquellos que pasan del maratón al ironman, es que se sienten en el sofá un día con su pareja y le digan: “Voy a preparar tal prueba, necesito de tu apoyo los próximos seis meses, esto es una cosa que tenemos que hacer los dos”. A partir de ahí, hay que ceder y apoyar en otros aspectos de la vida, y tratar de equilibrar. ¿Que desaparecemos el sábado por la mañana cuatro horas con la bicicleta? La tarde entera para la familia y para lo que ellos quieran, sin disputa ninguna.

En segundo lugar, hay que buscar un buen plan de entrenamiento. Y un plan que sea para novatos. Ir al Campeonato del Mundo de Ironman está muy bien, pero ya lo dejaremos para más adelante. Por ahora, mi recomendación, es que el éxito está en acabar. Así que pillad plan de entrenamiento sencillo: ¿quedan seis meses para la prueba? Dividimos en tres bloques de dos meses cada uno, y cada bloque en ocho microciclos de una semana cada uno.

El primer bloque ha de ser de preparación, de acostumbrar al cuerpo. Si os pasa como a mí, que no tenía ni pajolera idea de cómo tirar en bici y de hacer una natación en condiciones, esta fase es vital. Correr ya sabéis, por eso no hay que preocuparse. En esta fase, hay que centrarse en la técnica: acumular kilómetros con la bicicleta para ir encontrándose cómodo, aprender a gestionar bien las marchas, empezar a subir puertos, disfrutar de las salidas de un par de horas en las que no nos muramos del aburrimiento…

Y en la piscina igual. Al principio no aguantaréis más que media hora, pero hay que hacerlo, y ver vídeos de Youtube, incluso apuntarse a un curso de natación en el que nos enseñen cómo se hacen los gestos técnicos del agarre correctamente… Tranquilos, no os hará falta ni flotador ni patito de goma.

La segunda fase es la de entrenamiento progresivo. Ahora que ya sabéis pedalear y nadar, llega el momento de empezar a meter sesiones de más tiempo, y alguna que otra transición. ¿Transición? ¿Eso es lo de la España de los años setenta? Sí, y también hacer entrenamientos en los que pases de la bicicleta a correr en menos de cinco minutos. Cuesta, al principio te vas a sentir un mecano corriendo, pero todo es acostumbrar al cuerpo.

Y la tercera fase es la de rendimiento máximo: a estas alturas ya estaríamos preparados para competir en un medio ironman. Y de hecho es una magnífica opción. Y luego quedan los entrenamientos exigentes, los que nos van a poner fino filipino y van a hacer que nos hinchemos como pavos al contarlo en las redes sociales: hoy he hecho tres horas de bici seguidos de una hora de running; hoy tocaba subir dos puertos y después correr veinticinco kilómetros… “Me gusta” a cascoporro, os lo puedo asegurar.

Y así, tras veinticuatro semanas de entrenamientos, te encuentras un día bajo el arco de salida, vestido de neopreno y nervioso a más no poder, escuchando en tu interior una voz que te dice “¿quieres? ¡puedes!”. Y entonces suena la bocina, te lanzas al agua y el sueño de ser ironman se vuelve realidad.

 

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