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El ciclismo

El ciclismo

Un carrusel de emociones

Ahora que Powerade me ha dado la posibilidad de contaros en una serie de entregas, mis idas y venidas por este mundillo, el de la bici, me apetecía encarar este post hablando de… ¡MI VIDA!

Pero no os asustéis, voy a ir rápido, como lo que tardas en beberte un Powerade cuando estás muerto de sed y fatiga. Sin números ni nada, sólo de sensaciones, de idas y venidas.

A mí el ciclismo me empezó a gustar de pequeño, de cadete empecé gracias a la afición que me metió en el cuerpo Juan, mi padre, que también fue profesional y ahora ejerce de auxiliar en el Astana. El caso es que nunca me lo tomé muy en serio, ni en cadetes, ni en juveniles, ni de amateur, al menos hasta el tercer año. Siempre entrenando poco (lo justo, no voy a mentir ahora, pero yendo a disfrutar mucho a las carreras.

La historia fue que, ya en el tercer año de amateur, cuando fiché por el Baqué, sí que le vi las orejas al lobo porque, oye, si la cosa iba bien, éramos filial del primer equipo, que era de categoría profesional. Pero lo que son las cosas. Cuando me quise esforzar de verdad, el cuerpo no respondió. Primera sensación: chunga.

Pero luego fue peor. Tras ese año tuve una tendinitis doble, una en el tendón de Aquiles y otra en la fascia del pie. No podía ni andar. La culpa: un maldito virus. Segunda sensación: chunga, chunga. Y para que veáis, sólo podía caminar si iba sentado en una bici, sólo así me daba un poco el sol, veía el cielo y tenía ganas de animarme. Moraleja: atrapa el momento. Cada vez que te subas a una bici, disfruta, por lo que pueda pasar mañana ( o no, tampoco seamos agoreros).

El caso es que fue darme el alta y esa misma tarde fue irme a correr, por disfrutar, por sentir. Pero el tema de retomar la bici era otra historia. Ya pensé que el tren se me había ido, que lo de ser profesional era ya algo imposible. Pero el Diputación de Ávila de Víctor Sastre (padre de Carlos el ganador del Tour), me dio la oportunidad de seguir creyendo en mí, y mes y medio después gané una carrera. Una etapa. No sabéis lo que pudo significar para mí. Tercera sensación: Subidón importante

Al año siguiente fiche por Azpiru, el equipo filial de otro profesional, del Fuerteventura (que recuerdos, cuando había muchos equipos para pasar a pros). Pero , a pesar de los números, no pudo ser. Ni el año siguiente. Pero después de lo del virus me iba yo a andar con tonterías. Así que el Burgos Monumental me dio mi primera oportunidad. Cuarta sensación: ¡Ya estamos aquí!

No os imagináis lo que supuso para mí. Y además, aunque fue el primer año, las cosas iban saliendo, me amoldaba a la categoría, que no es fácil, creedme, y por eso, el año siguiente, y aprovechando que un primo mío era parte del staff del Cervelo Test Team (¿os acordáis? ¿Vaya equipación chula, eh?) me estuvieron siguiendo y me ficharon. Fueron dos años increíbles, 2009 y 2010. Estos los cito porque quizás fueron los mejores, aunque no me guste vivir de recuerdos, pero me ofrecieron muchísimo. Corrí Dauphiné Liberée, Tour de California (¡Armstrong, si me lees, échale una mirada a mi foto del Facebook, que nos sacaron juntos en esa carrera en un calentón!) y la Vuelta…Quinta Sensación: ¡Qué bien lo estamos haciendo!

Y ya llegó el sumun. El Omega Pharma Lotto me echó el ojo. Imaginaros. La idea era correr en el equipo que fuera al Tour. Para echar una mano a Jurgen Van der Broeck. Que pasada. Hice toda la preparación del año orientada a eso y cuando se acercaba el momento…Bronquitis. Mi temporada al palco. Y encima el año siguiente ya empezaría el sistema de puntos UCI, y yo sólo tenía los de la Visa y dos en el dedo que me corté con un abrelatas. Sexta sensación: apaga y vámonos.

¡Pero no! La ilusión es lo que te hace tirar para adelante, aprender de lo bueno para aguantar palos en lo malo. Lo siguiente (tranquilos, que ya queda menos, este pack de años os lo junto), fue correr dos años y medio, hasta 2013, en equipos asiáticos con calendario inestable, lo que me supuso caer en uno de los males del ciclista: la falta de competición. Sin dorsal, la motivación flaquea, y con 20-25 días de competición al año, donde sea, sin preparar las pruebas a conciencia, las cosas no salen. ¡Ojo! Que alguna carrera gané. Además encontré vitaminas en la Mountain Bike y en el Ciclocross. Un dorsal, una competición y los males son menores. Séptima sensación: antes correr poco que un virus de esos.

Y la recompensa me llegó a principios del año pasado. Fiché por el Skydive, de Dubai, de categoría Continental, y este año, por otro Continental japonés (si no os acordáis el nombre está al principio del ladrillo). Y feliz. Porque me siento ciclista, vuelvo a vivir de ello y oye, el cuerpo me sigue respondiendo. No me siento cansado. Quién sabe, Tours va a seguir habiendo. Quizás algún día pueda correrlo de nuevo. Esto me lleva a la Octava y última sensación: que me duelen los dedos de escribir. Es broma. Que aproveches el momento.

¡Fin del tostón! Pero volveré (si los de Powerade no se arrepienten, claro)

¡Saludos!

Óscar Pujol

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