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Entrenar un Ultraman

Entrenar un Ultraman

Os voy a contar un secreto: una película iraní con subtítulos en castellano en la sesión de las cinco de la tarde es aburrida, pero entrenar un Ultraman lo es más. Mucho más. ¿Ultraman? ¿Qué es eso, aparte de un superhéroe japonés de los años ochenta? Pues más o menos como el infierno en tierra, y encima pasando por caja: diez kilómetros de natación en aguas abiertas, cuatrocientos diez kilómetros en bicicleta y dos maratones seguidos. No uno, dos.

Si todo se da bien, treinta y seis horas de competición distribuidas en tres días a cada cual más duro. Y pese a todo, me muero de ganas por participar en el que tengo dentro de tres semanas en Granada, el Ultra-Tri de Motril. Los retos de superación son lo que tienen, sé que son sufrir, sudar como si no hubiera mañana y que me va a doler absolutamente todo el cuerpo, pero me da absolutamente igual. Me levanto por las mañanas pensando en que queda un día menos, entreno de bicicleta por la tarde, aburrido, mis dos o tres horas, pensando en que queda un día menos, y me voy a la cama pensando en que queda un día menos. ¿Qué nos mueve a la gente a asumir retos de este tipo? Muchas veces me lo pregunto. ¿Qué tiene el afán de superación, el llegar a cotas de esfuerzo y resistencia de tal magnitud?

No lo sé. Unos dicen que está de moda esto de sufrir, otros dicen que es la sociedad, que tiene una crisis de valores y otros que en el fondo los deportistas de larga distancia estamos un poco locos.

Sea lo que sea, no me importa. Solo sé que a lo largo de todo el día me visualizo en los metros finales, de la última prueba del Ultraman, los ochenta y cuatro kilómetros de carrera a pie pensando que ya está, que estoy llegando. Que está hecho. Y que cruzo la meta y mi gente me abraza y que entonces, todo el sacrificio previo, todo el esfuerzo, todas las sesiones de entrenamiento en bicicleta previas, esas tiradas de seis, siete e incluso ocho horas subido a la flaca los fines de semana, mientras mi familia me espera paciente en casa, han demostrado que puedo, que he podido. Que soy un Ultraman.

Y la pregunta, supongo que lógica, es ¿vale la pena el entrenamiento por acabar una prueba, se llame ultraman, ironman, maratón o media maratón? Yo creo que sí. Como decía al principio –y no dejaba de ser cierta fina ironía- entrenar una prueba de este calibre es bastante aburrido, en la medida que exige un gran número de horas a lo largo de la semana, pero a la postre, cuando llegas y cruzas el arco de meta, la satisfacción de saberte capaz de conseguir aquello que te propongas, es impagable.

Una vez, mientras preparaba mi primera ironman, un compañero me dijo: una vez que acabes la prueba y seas finisher, te sentirás capaz de asumir cualquier reto que te propongas. Y os puedo asegurar que tenía razón.

Por cierto. Si os lo estáis preguntando, ese “gran número de horas a lo largo de la semana” son unas quince de media, aunque ha habido semanas de más, incluso de veinticinco. ¿Cómo se lleva?

Pues se lleva, que no es poco. Un Ultraman no deja de ser una prueba de triatlón a lo bestia, en la que tienes que combinar la natación, con los entrenamientos de bicicleta y los de carrera a pie. Los que más tiempo llevan son los de ciclismo, y uno tiene que ingeniárselas muy bien para hacer de las horas que pasas subido a la flaca algo ameno. En mi caso, me gusta combinar distintos tipos de sesiones.

Por ejemplo, para un entrenamiento en bicicleta en el que tenga que buscar mejorar la potencia, busco rectas con algo de desnivel, no mucho, en los que poder darle zapatilla al máximo y llevar mis piernas al límite, en plato grande y piñón pequeño. Si en cambio toca entrenamiento de fuerza, busco un puerto de un par de kilómetros y me lo hago varias veces. Si simplemente toca acumular kilómetros, busco recorridos en los que no pase dos veces por el mismo punto y que combinen terrenos planos con puertos pequeños. Siempre orientado a hacer entrenamientos de bicicleta amenos.

Y en la natación y carrera a pie pasa más o menos lo mismo.

Si estáis preparando alguna prueba de larga distancia, léase una media maratón, o un maratón, o incluso si ya te ha dado por el triatlón, y tienes marcado tu reto personal, solo te diré una cosa final: no desfallezcas. A lo largo del camino te vas a encontrar con muchas trampas, muchas piedras que quieren apartarte a un lado. Es normal. Son muchas horas entrenando, en silencio, posiblemente sin compañía, y a veces la cabeza es traicionera. Pero piensa en la frase que te he comentado antes, la que me dijo mi amigo: una vez superes tu reto, te creerás capaz de todo. Y es que, pocas recompensas hay en esta vida tan beneficiosas que la de la autorrealización, la superación, la del poder mirarte al espejo, con la camiseta empapada en sudor y la medalla en la mano y poder decir, todo orgulloso, que has podido

 

Sobre el autor: 

Diego Rodríguez, enamorado hasta la médula del triatlón de larga distancia y fundador del portal temático Planeta Triatlón. Si me dejasen competir todas las semanas, lo haría. Visita su página web aquí.

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