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Idilio en el desierto

Idilio en el desierto

Historias de la Titan Desert

¡Buenas a todos!

Aquí estoy de nuevo con una nueva entrega enciclopédica de la “Vida de Pujol”, cortesía de Powerade. La única que para atar los capítulos tienes que usar cemento (entre ladrillo y ladrillo, jejeje). No imprimáis luego estas historias, ¿eh? Que hay que contribuir al medio ambiente y sólo con cada uno de mis rollos se tala un árbol.

Esta entrega va sobre una de las carreras más bonitas que he hecho y que, quién sabe, quizás pueda repetir algún día, cuando me retire del ciclismo. Se trata de la Titan Desert, de la que seguro que habéis escuchado hablar alguna vez.

¿Cómo llegué allí siendo ciclista de carretera? ¿Os pica la curiosidad, eh? Decid que sí, no me quitéis la ilusión. Pues vino a raíz de otra prueba, de la Powerade ion4 Madrid- Lisboa Non-stop, en su primera edición, la de 2013. Nada más y nada menos que recorrerte en Mountain Bike la distancia que une las dos capitales, unos 700 kilómetros por caminos, de día y de noche. Se suele correr por equipos, y yo acudí con Julen Zubero, Vidal Celís e Ibon Zugasti. El caso es que no sólo por el hecho de ganarla sino por la imagen que dimos de equipo “buenrollero”, tuvimos otra gran recompensa, que fue el poder disputar el año siguiente la Titan Desert con los colores de Powerade y con el apoyo de MMR.

En mi caso se dio una carambola, y es que, en 2014, yo ya corría con el SkyDive Dubai (profesional de carretera), pero, coincidiendo con un parón en el calendario, les pedí correrla, como favor personal. No tenían por qué haberme dejado, pero el tiempo me dio la razón ya que, tras disputarla, gané la Montaña en el Tour de Kumano (Japón) y luego una etapa en el Tour de Singkarak (Indonesia), dentro del calendario Asia Tour de ciclismo en carretera.

Bueno, que me salgo del folio sin centrarme en la Titan. Pues bien, dentro de la Titan, como necesitaría un par de meses para hablaros de todo lo que disfruté allí, lo dejaré en el momento más chulo: la etapa que gane en (ojo, que me gusta mucho decirlo): La etapa más larga y dura de la historia de la Titan más larga y dura (sí, sí, me estoy gustando) de la historia de la Titan Desert.

Fue increíble. El día anterior habíamos disputado una etapa de las que llaman “maratón”, que consiste en llevar tu mismo todas las cosas que necesites para el día siguiente. Por eso hay que saber economizar con el peso, llevar lo justo (luego viene genial para cuando te vas de vacaciones, para no meter miles de cosas y que luego pagues un sobrepeso). Ese día dormíamos en una “jaima gigante” (una especie de carpa) común, con todos los participantes. En mi caso, llegué a la meta con dudas. Tuve un pinchazo y perdí 20 minutos con los favoritos. Por eso decidí llegar a meta con calma, para guardar fuerzas para el día siguiente; además, el hecho de dormir a más de 2000 metros iba a perjudicar la recuperación para lo que nos quedaba de carrera.

Por eso, al día siguiente, en la etapa más… (¡sí, sí, esa!) de la historia de la Titan Desert salí escopetado. De “pito” como decimos en el argot (desde que se da la salida oficial). Me fui solo, atravesando los primeros puertos bajo unos paisajes de película. Esta prueba es especial, de verdad os lo digo. Posteriormente, me atrapó Diego Tamayo, un chico experimentado que ya conocía de haber coincidido con él en equipos de carretera. La conexión fue genial. Nos entendimos a la perfección hasta que los dos sentimos el mismo olor... inconfundible... el de la proximidad de la meta.

No lo pudimos evitar. Nos dimos unos cuantos “palos”, primero uno, luego el otro (ojo, “palos” de los de atacar, que nadie se piense que nos bajamos de la bici a pegarnos... aunque la verdad, siendo dos pesos ultra pluma y con la paliza que llevábamos encima… poco hubiésemos durado, jejeje), hasta que conseguí irme en solitario.

Quién me iba a decir a mí que en ese momento llegaría lo más duro de verdad. Primero por mala suerte y es que, como os conté, intentando calibrar al máximo el peso de la mochila, no metí el cargador del GPS (es una prueba donde todo va por orientación) y no veáis que cara se me quedó cuando se apagó… menos mal que debido a la cercanía de la llegada puede seguir las indicaciones que había señalizadas. Imaginaros tener que parar a esperar a Tamayo que venía como un rayo (¡toooma pareado!) para no perderme.

Pero lo peor vendría seguido. Me dio un bajón brutal. De esos como cuando se te apaga el ordenador y no has salvado el documento (¡espero que no me pase ahora a mí!). Pues igual. Se me apagó el cuerpo. Iba perdiendo velocidad poco a poco, agónicamente, con las fuerzas mínimas para cruzar la línea de meta. Mirad la foto. Ni lo celebré. Estaba deshidratado. Como si se me hubiese ido el alma y hubiese dejado el cuerpo allí, con los organizadores, que se portaron de diez. Luego, con las horas, ya recuperé un poco el cuerpo y pude ser consciente de que había ganado la etapa más dura y larga de la… jejeje.

El resto de la experiencia tan maravillosa lo culminan varias cosas. Una, el poder ganar la prueba por equipos, el conseguir subir al podio ganando por equipos con Vidal Celís y Con Julen Zubero. Y otra, el compartir las vivencias con todos los que participaron. No sólo los que iban a hacer buen papel, también aquellos que, con su trabajo, su familia y su día a día consiguen sacar horas de entrenamiento para participar en estas pruebas y salvar el fuera de control cada día. Eso sí que tiene mérito. Al fin y al cabo yo soy ciclista. Me pagan por dar pedales. Espero volver algún día a mi idilio con el desierto, que cuerda me queda.

Y con este recuerdo un poco “moñas” os dejo. Ánimo que ya sólo queda un ladrillo.

¡Saludos!

Óscar Pujol

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