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Mi historia en mi primer Marathon Majors- MARATÓN DE NEW YORK 2006

Mi historia en mi primer Marathon Majors- MARATÓN DE NEW YORK 2006

Soy Margoth, runner y ultramaratonista. El domingo 5 de noviembre 2006, me desperté a las 03: 00 am, mucho antes que el reloj despertador realizara el trabajo para lo cual fue programado es decir, sonar a las 04:00 am. Realice mi rutina de preparación antes de cada carrera, estiramientos, aplicación de cremas mentoladas en los músculos, etc., desayune ligero, consumí una importante cantidad de miel pura a fin de tener suficiente energía. Al llegar la hora de abordar el bus el cual me trasladaría al punto de salida en Staten Island… pensaba ¡En que me he metido, otro reto más, pero lo lograré… no hay otra forma de regresar que no sea cruzando la meta. Llegar al punto de salida fueron aproximadamente 30 minutos de trayecto, mientras New York dormía a las 05:30 am y mi mente trabajaba en un collage de ideas de cómo sería el maratón.

Al llegar al  Staten Island, hacía mucho frío y viento la temperatura era de -3°C. La salida oficial de la competencia fue a las 10:00 am, por lo cual tuve que usar mi imaginación para no desesperarme y aguardar con mucha paciencia la hora indicada. Estaba ubicada en el “corral azul”, por el ranking  de  competencias anteriores de 5 horas 40 minutos obtenido en los 42K de Caracas que se efectuaron en el mes de abril del 2006.

A la hora de salida, me quite  algunas de las capas de ropa que llevaba encima para protegerme del viento y del frío y me quede con la ropa térmica que me ayudaría a concluir el maratón. Al caminar ví montones de ropa de que los otros  como yo se despojaron. Prendas colgadas en los árboles, en la grama, en el asfalto. Toda esta ropa luego es recogida y donada a personas de bajos recursos que viven en las calles. Llamó mi atención los disfrazados de Bob Esponja, Estatua de la Libertad, Elvis Presley, Hombres de Negro, Rinocerontes  con consignas como “Salvemos a los Rinocerontes"….  me pareció todo un poco loco.

Al sonar el disparo yo estaba tan emocionada de saber que por fin comenzaba sin embargo, me tomó casi 20 minutos cruzar la línea de salida por la cantidad de gente. Cuando corrí  el primer  e inmenso puente Verazanno-Narrows Bridge, me sentí emocionada y asustada y me dije "ahora si no hay marcha atrás", podía ver la silueta de Manhattan y la estatua de la Libertad, habían pequeños barcos lanzando al aire chorros de aguas de color, rojo, blanco, azul mientras en los parlantes sonaba “New York, New York” en la voz de Frank Sinatra, helicópteros dando giros en el aire… increíble. Aunque suene tonto al finalizar el puente me dije,  si así van a hacer todos los puentes… esto es fácil y placentero para mi.

Al finalizar el puente entre a Brooklyn, muchas personas tenían pancartas que decían “Welcome to Brooklyn”, la gente estaba como loca vitoreaban tu nombre y te extendían la mano en señal de solidaridad lo cual hace que la adrenalina comience a trabajar de manera acelerada. Después de la milla 7 entre a varios vecindarios interesantes. En algunos predominaba los hispanos que ondeaban sus banderas, ponían música y gritaban “Viva México”, “Viva Argentina”….”Puerto Rico”, etc. Otros  barrios eran afro-americanos, italianos. Algunos bailaban al ritmo de la polea y al pasar junto a la Brooklyn Academy Of Music había una orquesta tocando el tema de Rocky…. Literalmente la piel se me puso de gallina.  Al pasar por el barrio Judío,  todos con sus típicas indumentarias sombreros negros, largas barbas y patillas crespas se podía ver los árboles con las hojas cayendo. Era como ver una película de los años 50, muy nostálgico pero a la vez muy hermoso. Físicamente me sentía muy cómoda, tranquila y relajada a pesar del frío, de verdad que lo estaba pasando muy bien. Lo malo de Brooklyn era que es inmenso y parecía nunca acabar. Pensé que nunca saldría de allí.  Me preguntaba ¿Dónde estoy en Queens o sigo en Brooklyn?.  Miraba los relojes y señales de millas, pero no quería que estos me marcaran el paso, prefería escuchar a las personas que estaban a mi alrededor  y oía a muchos decir pasamos a la milla 12... no estamos llegando…  en este punto preferí no seguir escuchando y concentrarme en el maratón.

Luego fue Queens… que pasó muy rápidamente. Ya estaba en Queens y me parecía que todavía estaba en Brooklyn. No recuerdo mucho excepto que cruzamos un puente con puestos de auxilio e hidratación, era una colina muy empinada y la gente caía como moscas, muchos con las piernas acalambradas o totalmente agotados sin más aliento para continuar. Pero yo estaba en la milla 13.1 (en  la mitad), al escuchar a la gente vitorear a todos los corredores, me dió energía  para ir un poco más allá. Ya pasando la milla 15 pensaba ¿Cómo serán las millas del 16 al 24? ¿Y la temible pared cuando llegue a la milla 20 donde dicen dicen que el cuerpo se apaga por completo y se siente que no se puede continuar? a pesar de estos sentimientos estaba segura que terminaría la carrera.

Cruce el Queensboro Bridge (el puente 59) que va de Queens a Manhattan. Estaba ansiosa por llegar a  Manhattan. Es donde dicen que la multitud apoya de manera salvaje a los corredores.  El Queensboro Bridge, fue difícil… MUY difícil, el piso era una mezcla de concreto y metal inestable al pisar, era muy grande y empinado. Este puente tenía una alfombra roja para nosotros (literalmente)  debajo de la cual había una malla metálica. Es el tipo de puente que puedes ver  el agua abajo, era irregular, lleno de protuberancias y hacia temblar tus tobillos. Podías ver gente atendida por paramédicos, gente en el piso y zigzagueante. Yo estaba decidía a seguir con tranquilad para llegar al final, comencé a observar en mi  entorno y la vista era espectacular y  fantástica lo cual me ayudo a distraerme y que la presión bajara.

Mi llegada a Manhattan, fue muy emocionante. Las hordas de corredores tenían entre 15 y 20 personas de ancho. Había mucha gente, sin embargo la vía se ampliaba de 4 carriles a 10 ó 12. Me sentía en la tierra de nadie, las multitudes a lo lejos te gritaban  y por si fuera poco, miraba hacia delante y todo lo que veía era un mar de maratonistas. Pensé que al llegar a la cima concluiría, así que sigue corriendo y así lo hice, pero cuando llegue a la colina ¿saben que pasó?, ¡No era la última! seguía de nuevo hasta donde alcanzaba a ver mis ojos… otra colina más me esperaba. Hablaba conmigo misma en voz alta, estoy segura que los que me veían pensaban que había enloquecido, me seguía diciendo “Vamos Margoth… tu puedes hacerlo… sólo pon un pie delante del otro… éste no es el momento de rendirse ya casi llegas”. Así que allí estaba yo, en Manhattan en la 5ta. Avenida y allí lograba ver a muchos corredores que iban cuesta arriba. Nunca nadie me dijo que New York tenía tantas colinas, el paisaje era realmente hermoso y las camisetas formaban un arco iris de colores.

Había soñado con esto por  tanto tiempo  y aquí estaba corriendo la Maratón de New York  2006, en un momento me puse muy triste, había esperado tanto esto, entrenado por tanto tiempo… y pronto todo concluiría. Me sobrepuse  a ese sentimiento, entrando a Central Park donde me emocione por dos razones porque son las últimas 8 millas y por lo emblemático del lugar. En este punto comenzó un divorcio entre mis piernas y mi cerebro, mis piernas me hablaban (literalmente) comenzaron a dar instrucciones y me gritaban PARA YA no sigas corriendo pero, mi cerebro domino la situación  y seguí  adelante. La pared de Central Park se prolonga por millas. Estaba apenas al comienzo. Roge a Dios que me ayudara y me diera fuerza porque no sabía en que milla estaba en la ¿21, 22 ó 25?, todo el mundo nos observaba. Cuando finalmente vi la línea final estaba en shock al pasar el reloj la marca fue 4:30:17 ….Estaba feliz, era surealísta, era como si estuviera presenciando algo que le estaba pasando a otras personas, empuja mis puños al aire y decía ¡¡¡¡si!!!!  ¡¡¡¡¡si pude lo logre!!!  y di gracias a Díos por hacerme llegar a hasta donde he llegado y pensé que los limites están en el cerebro de cada uno de nosotros, y aunque parezca extraño al cruzar la línea final me dije  que quería volver hacerlo de nuevo a pesar de todo el sufrimiento ¿extraño verdad?, por eso pienso que es cierto el lema del maratón 37.000 almas, sólo una razón.

 

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