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Mis razones para correr

Mis razones para correr

Después de muchos años corriendo me pregunto por qué lo hago. Aunque la respuesta no viene a mi mente de inmediato, lo que sí tengo claro es que no puedo dejarlo, es más, no quiero dejarlo. Correr es parte de mi vida, corro casi todos los días, corro en las vacaciones, corro en viajes de trabajo, siempre corro. Es mentira que puedo dejarlo, como afirmaría un adicto promedio que no termina por reconocer que tiene un problema y se empeña en negar su condición. En mi caso, no puedo dejarlo, eso está claro, pero además, quiero que todos se enteren. Los que corremos nos sentimos orgullosos de nuestra condición y queremos que el mundo lo sepa. Por eso, en nuestro perfil de Facebook colocamos una foto en nuestro último o más memorable maratón. Es como si le estuviéramos restregando en la cara al mundo que somos corredores, esperando que el resto del mundo entienda lo maravilloso que es eso y se sienta orgulloso de nosotros.

 

Es posible que esta sensación de ser especial la sientan otros aficionados a tantas cosas que tiene la vida. El que toca piano se siente especial, al igual que el que practica aikido. Creo que eso es increíble y es parte de lo que nos mantiene vivos, el sentirnos especiales y pensar que lo que hacemos tiene algún sentido. Creo que correr no es un problema porque las consecuencias han sido positivas para mi vida, es mucho lo que he ganado y, por eso, no quiero dejarlo. Pero quizás no todo el mundo pueda decir lo mismo. Nada en exceso puede ser bueno, ni siquiera lo bueno. Correr demasiado no sólo puede afectar nuestro cuerpo, sino que puede lesionar nuestra vida familiar, social y laboral. Siempre he tenido esto claro y aunque amo correr, lucho por mantener el equilibrio y no dejarme llevar por el extremo y convertirme en un esclavo, que termina corriendo y no disfruta lo que está a su alrededor, porque correr se convierte en un fin en sí mismo y no en un medio de lograr cosas.

 

Y es que definitivamente, como todo en la vida, correr tiene sus costos. A veces me pregunto, para qué tanto correr, para qué tantas horas dedicadas a esto, tiempo que podría haber dedicado a leer, a escribir, a pensar, o simplemente a no hacer nada. Esto evita que caiga en el error de pensar que no hay otras cosas en la vida. Me gusta lo que hago, pero me gustan otras cosas. Además, respeto a los que no hacen lo mismo que yo y se dedican a otras actividades. Sería ridículo pretender que todos hagan lo mismo y que les apasione, además, no cabríamos en los parques corriendo, y sería muy incómodo. Una de las cosas que más me ha costado de correr es tener que acostarme relativamente temprano la noche anterior. Me encanta el cine y leer, actividades que disfruto más en la noche, cuando los demás duermen, pero si lo hago, simplemente no me puedo levantar, como diría aquella canción célebre de Mecano. Tener que irme temprano de algunas fiestas, debo reconocerlo, no ha sido un costo elevado para mí, por el contrario, la excusa de tener que levantarme temprano al día siguiente me ha salvado de más de una fiesta malosa y de los espectáculos de los borrachitos amanecidos.

 

En todo caso, el balance es positivo, ya que los beneficios de correr superan con creces sus costos. Corriendo todos estos años he ganado salud, al menos eso creo. Correr me ha mantenido alejado de una vida de vicios. He conocido a muchas personas y sitios interesantes, pero sin duda, creo que lo más importante que me ha dejado esta milenaria actividad, es que me ha mantenido ocupado, dejando poco tiempo para cosas como el estrés y las preocupaciones.”. En la noche, pensar que al día siguiente hay que levantarse temprano para correr, no me ha dejado sufrir de insomnio. No dormir en la noche, es un lujo que no me puedo dar, si quiero correr en la mañana.

 

Si no me imagino una vida sin salir a correr, entonces me vuelvo a preguntar una y otra vez por qué corro. Debo pensar en qué gano corriendo. Qué placer me genera esta actividad que parece imposible dejarla. Una vez tratando de ayudarme a responder esa pregunta escribí  a identificar unas 35 razones por las cuales la gente podía correr. En esa lista había de todo, desde lo obvio, como bajar de peso y mantener una buena salud, hasta cosas rebuscadas como cumplir una promesa, tener tiempo para pensar o, simplemente, estar solo. A veces me pregunto si corro para no hacer otras cosas como dormir, por ejemplo, pero creo que mi danza de las sábanas todos los días antes de las cinco de la madrugada deja claro que sí me gusta dormir. También hay que considerar que aunque hay muchas razones para correr, el correr por sí solo puede ser motivación suficiente. Es decir, no corremos siempre porque eso nos traiga algún beneficio subyacente, como cuando nos enamoramos aunque eso nos haga sufrir. Correr ya es suficiente gozo como para buscar beneficios adicionales, que de que los hay, los hay.  Y dime ¿Tú por qué corres?

 

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