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ORGANIZACIÓN  DE  OBJETIVOS  PRINCIPALES  Y  SECUNDARIOS

ORGANIZACIÓN DE OBJETIVOS PRINCIPALES Y SECUNDARIOS

Según la RAE, el deporte es una forma de recreación,  un pasatiempo, que busca  conseguir placer, diversión,  mediante el ejercicio físico… Es decir, es una actividad física, ejercida como juego o competición,  cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a unas normas.

El deporte en sí no incluye la competición. Uno puede practicar deporte sin más objetivo que mantener su forma, por diversión, por placer, para encontrarse a sí mismo, para olvidar durante un tiempo los problemas… Hay muchas formas de entender el deporte. Y no todo aquel que lo practica lo hace para competir.  Aunque es evidente que, hoy en día,  a la gran mayoría de practicantes les mueve el ego personal.

Podríamos definir la competición como una forma de luchar por algo en condiciones de igualdad con otros. Pero la competición es también una forma de expresión personal. Dicho de otro modo, uno puede competir con diversos fines… Para algunos  el objetivo de la competición es el de aprender a conocerse mejor a sí mismos, aprender para mejorar, para superarse, para ampliar los propios límites…  De alguna manera podríamos llamarlo un fin pedagógico. Y el otro fin que lleva  a muchos deportistas al terreno de la competición es el de acrecentar el EGO personal. Es decir, cuando el objetivo del entrenamiento y de las carreras del deportista  es el de demostrar  su competencia, su mejora, su rendimiento, sus cualidades, sus puntos fuertes frente a otros competidores nos hallamos ante un objetivo que implica el ego del sujeto. Y lo que se busca queriendo demostrar una superior competencia, de cara a un público  concreto, es hacer crecer este ego personal.  

A todas las personas que hacen deporte con fines competitivos (ya sea por ego o para conocerse mejor a sí mismos) les mueve la competitividad y la motivación del logro. Para las primeras  el logro será vencer, ganar la competición; para las segundas  el logro será simplemente  cruzar la línea de meta. Es evidente que  estos objetivos son muy diferentes y corresponden a personas que conciben la competición de forma distinta.  Actualmente,  con el “boom” de las carreras de ultra-resistencia,  se ha incrementado mucho el número de participantes que corren con el único propósito de terminarlas. Son los que buscan la medalla de “finisher”, los que quieren exprimir su cuerpo y probar sus límites con carreras de larga duración.

Ya sea con la finalidad de ganar, o bien únicamente tomar parte y acabar una competición, los participantes de cualquier deporte se fijan unos objetivos. Marcar en el calendario con rojo la fecha de la competición o del principal objetivo de la temporada es muy importante para mantener la motivación y la constancia.

Los objetivos que uno se propone deben ser realistas, que no sean imposibles de alcanzar, aunque tampoco tienen que ser demasiado fáciles. Cuando nos fijamos metas tienen que ser concretas, realizables y coherentes.

“Mi objetivo es el de mejorar mi rendimiento” Este es un claro ejemplo de objetivo general e impreciso que deberíamos cambiar por otro que se pueda medir,  como lo sería… “Mi objetivo es de bajar de las diez horas en la Ultra maratón de montaña  “Cavalls del Vent.”

Es importante que cuando nos tracemos nuestros objetivos inconscientemente no pensemos: ” Es imposible, no lo conseguiré…” Al fijar sus metas el atleta debe ser consciente de su forma física, de sus opciones y de su capacidad de mejora. Es por ello que uno debe tener en cuenta sus capacidades a la hora de proponerse  objetivos, para que sean alcanzables y se puedan realizar.  No sirve de nada fijar un logro que a vista del deportista sea inalcanzable y sólo cause decepciones y desmotivación.

Para ello el objetivo tendría que centrarse en uno mismo y no en el rival. No debemos marcarnos un reto en base a nuestros oponentes.  En este caso nos afectarían unas  variables que cambian independientemente de nuestra propia mejora.  El reto tendría que centrarse en uno mismo, en nuestras propias capacidades y no fijarse en factores externos. No hay que decir: “Quiero ganar a Pedro” sino que lo aconsejable es decir: “Me gustaría quedar entre los 40 primeros,  pero mi objetivo es bajar de las tres horas mejorando el tiempo del año pasado”.

También es importante no fijar un solo objetivo. Lo mejor es escoger dos o tres carreras como referencia para que si una no te sale como habías planeado te queden otras opciones para remediarlo y no desmoralizarte.

Los objetivos secundarios son aquellos previos a nuestros objetivos principales y nos indican nuestro estado de forma al compararnos con nuestros rivales. De este modo podemos perfilar detalles técnicos o físicos que se habían descuidado durante la planificación anual del entrenamiento.

 

 

 

 

 

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