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Sr. Miedo, no le quiero a mi lado

Sr. Miedo, no le quiero a mi lado

No es que me guste en exceso hacer alardes de mi pasado como profesional, pero en ciertos temas las experiencias vividas pueden ayudar a personas que han pasado o pasan por algo similar. A superar esos miedos que a veces el deporte nos pone por el camino.Durante el entrenamiento, el esfuerzo, la competición etc. Estamos exponiendo a nuestro cuerpo a ciertos riesgos por llevarlo al extremo de sus límites. La parte psicológica, nos ayuda a superarlos pero a veces nuestro cuerpo dice basta o simplemente no resiste ser tan machacado o maltratado. Esos riesgos a los que me refiero, pueden ser; roturas musculares, lesiones óseas, roturas producidas por caídas o cualquier otra lesión física. Que nadie olvide que el cuerpo y la mente están unidos de una manera más fuerte de lo que la gente se cree. Las lesiones se recuperan pero paralelamente sufrimos ese miedo psicológico por temor a volver a pasar por lo mismo en el futuro. Dicen que todo en esta vida se cura y se supera y yo creo ciegamente en eso pero también soy consciente que limpiar la cabeza y borrar ciertas experiencias negativas lleva un tiempo mas o menos largo según la persona y su fortaleza.

A continuación voy a explicar en primera persona uno de esos traumas que yo he conseguido superar y que me llevo mas tiempo del que podía imaginar.

En el año 2008 durante una etapa del tour de Francia, concretamente en un largo descenso del Coll dell Agnello entre Francia e Italia y curiosamente en un terreno en el que yo me encontraba como pez en el agua, sufrí un accidente muy grave que marco durante mucho tiempo y que me costo meses superar. La velocidad era alta, la lluvia bañaba el asfalto y una union de fatalidades hizo que sin darme cuenta estuviera volando por encima del quitamiedos. Ese vuelo llego a su fin cayendo violentamente contra el asfalto de la carretera que estaba unos ocho metros mas abajo. Después de escuchar un brutal ruido en mi cabeza y que el terror se apoderara de mi, empezaron esos segundos de mil preguntas... Lo primero que yo quería saber era si estaba vivo, si estaba entero si las lesiones que podría tener eran graves o muy graves porque era consciente de que simplemente poder pensar ya era un milagro. Las caras de los corredores y compañeros que se paraban para auxiliarme eran un poema, esos gritos para que no me moviera, esas lagrimas en los ojos de los ciclistas y auxiliares de mi equipo solo hacían que yo sintiera que podía pasar lo peor. Cuando llegaron las ambulancias y el personal médico el nerviosismo y las dudas sobre mi estado eran visibles "que si tiene esto roto, que si tiene aquello" " que si tiene una hemorragia interna" fueron momentos muy duros, porque aunque estás en un estado muy grave, la sensibilidad que llegas a tener para oír todas las conversaciones que se producen a tu alrededor es increíble.

Gracias a dios después de doce horas de mucha tensión, angustia y pruebas médicas los peores presagios pasaron a un segundo plano. Curiosamente la traducción del nombre de ese puerto al español es "Puerto del Angel" y ese "ángel" había estado conmigo en todo momento y tan solo me tenía que enfrentar a una operación de humero. El resto eran golpes y contusiones que no revestían gravedad.

Con el tiempo y después de volver a aquel lugar entendí aquellas caras y la tensión que se vivió en aquel momento, se trataba de una de esas caídas donde lo mas normal hubiera sido que acabara en una caja de pino. Como os decía anteriormente, los huesos se sueldan y los golpes se curan pero había algo en lo que yo no había pensado, el miedo, el miedo a volver a montar en bicicleta y de poder volver a tener la desgracia de pasar de nuevo por un episodio igual.

Después de más de cuatro meses de rehabilitación física volví a salir en bicicleta. Eran paseos en terreno llano que a penas revestían peligro, pero poco a poco esos entrenos eran mas largos y mas intensos, con recorridos cada vez más complejos ya que mi carrera como profesional seguía adelante. La primera vez que me enfrenté de nuevo a un descenso me di cuenta que algo raro pasaba. Esa rigidez y esa tensión con la que yo me agarraba al manillar y pedales de mi bicicleta no eran normales. No me reconocía, sabia que tenía un problema y también que quería superarlo. A parte del entrenamiento normal cada día le dedicaba un plus a las bajadas, a intentar conseguir que ese terreno siguiera siendo uno de mis puntos fuertes, pero, no solo era cuestión de montar en bici, era cuestión de reeducar la mentem para que se olvidara de aquella fatídica caída. Me llevo mucho tiempo volver a sentirme yo mismo, me quedo con aquellos mensajes que me enviaba a mi mismo convenciéndome de que era imposible por probabilidad que volviera a vivir una situación igual. Que a veces las cosas pasan por puro azar y no hay que buscar la lógica a todo lo que nos sucede. Sin duda alguna, si el miedo se apodera de ti pierdes dos de las mayores virtudes de un deportista: el valor y el descaro.

Con trabajo y esfuerzo todo se supera pero jamás dejéis que el miedo sea un ingrediente más de vuestra vida porque el peligro es real pero el miedo es una opción.

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